Cinco ideas para ayudar a salvar a la mariposa monarca desde casa

Por José López Zamorano | Para La Red Hispana

La Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca en Michoacán, México, es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, famosa por la migración anual de millones de mariposas monarca. Foto: Shutterstock

Cada año, la mariposa monarca emprende uno de los viajes más asombrosos del planeta: miles de kilómetros guiada por el sol, el campo magnético y una memoria genética que la ciencia aún intenta descifrar.

Sin embargo, ese espectáculo natural —tan frágil como hermoso— está en riesgo. La pérdida de hábitat, el uso intensivo de pesticidas y el cambio climático, han reducido drásticamente sus poblaciones.

De acuerdo con el recuento anual de la población occidental de mariposas monarca, realizado por la Sociedad Xerces para la Conservación de los Invertebrados, se registraron únicamente 12,260 mariposas, en 249 sitios en California, donde las monarcas del oeste pasan el invierno.

“Estas cifras, significativamente bajas, claramente indican una tendencia hacia el continuo declive de la especie”, alertó la Dra. Rebeca Quiñonez-Piñón, científica principal de la Federación Nacional de Vida Silvestre (NWF, por sus siglas en inglés).

Considere plantar algodoncillo. Foto: Federación Nacional de Vida Silvestre

“Para salvar a la monarca, antes de que sea demasiado tarde, es necesario que el Servicio de Pesca y Vida Silvestre no postergue más la protección de la mariposa monarca como una especie amenazada, bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción.

Pero frente a un problema de esta magnitud, la pregunta no es solo qué pueden hacer los gobiernos o los científicos, sino qué pueden hacer las comunidades. La respuesta es clara: mucho más de lo que creemos.

Las comunidades pueden ayudar muchísimo a la mariposa monarca —y no hace falta ser científico ni tener un rancho gigante. Aquí van formas prácticas y comunitarias de hacer una diferencia:

Una estudiante posa frente al mural “Soy una Monarca” en el Jardín de Niños Manuel Rodríguez Vizcarra. Foto: Isabel Ortiz Soto | NWF.org

1. Sembrar lo que sí les sirve: el algodoncillo es imprescindible; ahí ponen sus huevos y comen las orugas.
2. Decir no a los pesticidas: evitar herbicidas e insecticidas, sobre todo los sistémicos.
3. Educación y conciencia local: talleres en escuelas y centros comunitarios para promover alternativas naturales a nivel vecinal, como jardines educativos o “estaciones monarca”, que fomenten el aprendizaje práctico y la participación de la comunidad.
4. Organización comunitaria: jornadas de reforestación con plantas nativas. Programas de “adopta un jardín”. Colaboración con ONG ambientales y gobiernos locales.
5. Proteger su ruta migratoria: cuidar y restaurar hábitats en las zonas por donde pasan. Apoyar áreas naturales protegidas (especialmente en México).

“Todos podemos desempeñar un rol en la protección y restauración de su hábitat, reducir nuestra excesiva dependencia de los pesticidas y defender las políticas que ayuden a la vida silvestre”, indicó Emma Pelton, bióloga conservacionista senior de la Sociedad Xerces para la Conservación de los Invertebrados.

Una oruga de la mariposa monarca se come una hoja de algodoncillo común. Foto: Shutterstock

En conjunto, estas acciones revelan una verdad simple pero poderosa: la conservación no es un acto aislado, es un proceso colectivo.

La mariposa monarca no se salvará sólo con discursos ni con likes en redes sociales, lo hará cuando las comunidades decidan cambiar la forma en que usan sus espacios, cuidan sus plantas y se relacionan con la naturaleza.

Para obtener más información, visite laredhispana.org.

Para más detalles sobre la Federación Nacional de Vida Silvestre (NWF, por sus siglas en inglés), visite nwf.org.